CALENDARIO ACADEMICO
PRIMER SEMESTRE 2012
  • Lunes 13 de Febrero SWBA (Swarthmore Buenos Aires), Idaes, Paraná 145, 1º piso: Llegada / recepción
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  • Miércoles 15 de Febrero Orientación/ Exámenes de nivelación de español
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:: CLASES EN TERRENO / CRÓNICA: EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA
Haley Loram, 18.4.2007

Finalmente pudimos hacer la clase en terreno el jueves 12 de abril por la mañana. Empezamos nuestra visita al Cementerio de la Recoleta después de haberlo intentado por más de un mes. La primera vez que tratamos de ir, el 1 de marzo, hubo una tormenta tan grande que Buenos Aires recibió la tercera parte de la lluvia del mes en tan solo un día. A partir de entonces empezó una seguidilla de lluvias fuertes que frustró nuestros planes durante todo el mes de marzo. Pero si eso te pasa a vos, seguí intentándolo, el hermoso urbano cementerio vale la pena.
El barrio de La Recoleta queda más o menos cerca del Centro, donde se ubica la universidad, pero todavía se necesita  aproximadamente media hora para llegar al Cementerio en colectivo. Melina, Lucía y yo nos reunimos en la facultad pero mi compañero Shadi no pudo acompañarnos porque estaba enfermo. Aunque fue una gran lástima no tener a Shadi con nosotras, de repente tuvimos una linda sorpresa; mis padres, que habían venido para visitarme, tenían un día más en la ciudad y cuando los invitamos a venir con nosotras, aceptaron inmediatamente. Así formamos un grupo con un equilibrio perfecto entre los que querían aprender (mi familia y yo) y las que sabían un montón de cosas interesantes (Melina y Lucía) que no las habríamos aprendido con las guías turísticas.
Dado que mis padres estaban en un hotel cerca de Ezeiza – el aeropuerto internacional de Buenos Aires – la primera parte de la clase consistió en esperarlos. Melina, Lucía y yo tomamos el  colectivo 102 desde la calle Paraná (donde queda la escuela) hasta la avenida Las Heras y Vicente López. Caminamos  durante un rato disfrutando del sol y charlando sobre un poquito de la historia del barrio de La Recoleta, que envuelve al famoso cementerio. Aunque  este sitio en sí mismo es muy urbano – todo esta hecho de piedra y vidrio, con pocas plantas naturales, y callejones de granito en vez de césped o tierra – hay un parque enfrente de la puerta. Allí  está  uno de los árboles más viejos de Buenos Aires (un gitano que parece la fantasía de un niño de 10 años), una Iglesia vieja, y el Centro Cultural Recoleta, donde actualmente  se exhibe una muestra de objetos personales que vienen de la guerra de  Malvinas. El parque está rodeado por cafés lindos y caros. Uno de ellos es La Biela, un  bar que es carísimo y emblemático de la riqueza de ese barrio.
En el año 1925, cuando La Recoleta estuvo en el auge de su belleza, el Príncipe de Gales lo describió así: “. . . Aquello es aristocrático, pulido, artístico y magníficamente bello. Las mansiones evocan Chateaux de Spagne.”(“La Dolce Evita”, Martín Malharro, de la prensa). Actualmente,  sigue siendo un barrio muy distinguido. El Cementerio refleja esta cuestión de estratos y clases sociales; es así que ser enterrado en ese cementerio  o casarse en la iglesia que está a su lado es un privilegio de las clases altas. Pasando por la puerta,  lo primero que se ve son tumbas abandonadas entre las grandes esculturas de mármol, granito, y bronce. Éstas son tumbas para las cuales las familias gastaron gran parte de su dinero en construirlas, y después muchas de ellas se quedaron sin recursos para poder mantenerlas. Hay un aire de ruinas que penetra el lujo.
Acompañadas por mis papis (que llegaron al fin) entramos en este mítico lugar. El Cementerio  tiene forma de cruz, primero  se advierten  las tumbas del ex Presidente Marcelo T. de Alvear y la de “Luz María” y en seguida comienza la mejor parte de  la visita a La Recoleta: las leyendas.
 Marcelo T. de Alvear, enterrado en una tumba de cuatro metros de altura, era un gran “dandy” de su época. Se enamoró de una cantante de ópera llamada Regina. Para cortejarla, en una ocasión él compró todas las entradas de  la sala de teatro donde ella cantaba; ¡un hombre muy demostrativo! Se casaron y en este momento ella está enterrada a su lado, bajo una estatua de mármol bellísima. Frente a ellos se encuentra la tumba de la joven Luz María, cuya historia es la antítesis de la de Alvear y Regina. “Murió” muy joven y fue enterrada en una linda tumba bajo un techo de vitraux. Una semana después de su “muerte”, su madre tuvo una pesadilla  que consistió en que su hija había sido enterrada viva, y fue tan fuerte esa sensación que ella insistió en abrir la tumba y el ataúd. Cuando éste fue abierto, todo vieron que la niña había cambiado su posición; la pobrecita vivió sus últimas horas en un cajón. Historias como éstas dan una vida real a esta ciudad de muertos.
Porque la verdad es que esto es el Cementerio de La Recoleta: una ciudad propia; algo muy distinto, muy único. Primero, porque es muy urbano. No es un cementerio con forma de parque, lleno de árboles, con césped y flores vivas. No, no, éste es un cementerio que tiene su propia arquitectura, sus propios edificios y calles.  Se puede vagar por las varias callecitas por mucho tiempo solamente para ver las tumbas de sus famosos ocupantes: la tumba austera de “Evita” que contiene a toda su familia y usa el apellido “Duarte” en vez del de su marido, Juan D. Perón; la de Dominguito, el hijo adoptado del ex-presidente Sarmiento, con una columna cortada que simboliza su muerte prematura, la de un adolescente; y r la de la familia Cambaceres, con tanto vidrio, abierta y pública para que todo el mundo los vean.
Cada tumba tiene la historia de una familia, pero además, la historia de distintas épocas de la ciudad  de Buenos Aires y de Argentina. Porque, en el fondo, el Cementerio es un espacio que merece este tipo de contemplación: cada estilo de tumba relata algo sobre el período en el cual fue construido. Los nombres famosos grabados en piedra, y las familias poderosas enterradas en los sótanos, entre cruces, menorahs, y ángeles cambiaron la historia de Buenos Aires y sus fortunas están atadas a las de la ciudad.

 

Después de terminar con la visita al cementerio (y de ser “comidos” por los mosquitos rabiosos y hambrientos) nosotros cinco caminamos hasta el Centro de Diseño de Buenos Aires para tomar un cafecito. Almorzamos sándwiches y licuados y seguimos charlando sobre la historia de la Argentina, pero con un cambio importante: de los muertos del Cementerio hasta el presente vivo de la crisis de 2001 y las dolorosas consecuencias de la última dictadura. Hay mucho para aprender, pero luego de nuestra visita y de nuestra charla, mis papis y yo nos quedamos con la sensación de que podíamos regresar y entrar en la historia y en la vida del cementerio otra vez luego de la ventana que se nos había abierto en esta oportunidad.

 

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